La marcha Matahombres 2014 se reinventa, estrena recorrido y
hace honor a su nombre aumentando la dureza y el nivel técnico. 84 km y 2800
metros de desnivel acumulado lo dicen todo. Aquí no existe la palabra “llanear”,
o se sube o se baja. Una verdadera prueba de fondo donde sucumbiremos si no
estamos lo suficentemente preparados.
CRÓNICA
Ya había
estado en la Matahombres del año anterior y me imaginaba que sería más de lo
mismo. Un poco más dura, según había oído, pero tampoco dejé que eso me
intimidara. Si el año anterior me fue bien, este año me iría igual...
Nos
plantamos en Camarena a las 8 de la mañana el máster Roberto, mi sobrino Miguel
y un servidor, recogimos dorsal y camiseta, y a la que nos dimos cuenta estábamos
en la línea de meta intentando hacer caso omiso a lo que nos decía nuestro
subconsciente (84km y 2800m de desnivel, dónde os habéis metido). Los AC-DC nos animaron con su Highway to Hell a todo trapo en la salida subiéndonos las pulsaciones. Me
despedí de mis compañeros deseándoles toda la suerte del mundo.
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Roberto intentando hacerse hueco en la parrilla de salida. Aquí se vende caro el metro cuadrado. |
Como de
costumbre, salimos desde el furgón de cola, y los primeros compases
discurrieron entre un mar de manillares. Algo que me llamó la atención, fue ver
a varios corredores santiguarse conforme comenzaba la marcha, en esos momentos
deseé ser creyente para aferrarme a algo que me protegiera de lo que se nos
venía encima.
Los 6
primeros kilómetros fueron tranquilos, por asfalto y con ligero ascenso.
Aproveché para adelantar unas cuantas posiciones y colocarme más próximo a mi
lugar "natural" de la carrera. En este kilómetro nos encontramos una
senda con un tapón de gente increíble, un fallo de la organización que me
pareció de lo más infantil, colocar una senda nada más comenzar la carrera.
Superado
este primer obstáculo y hasta el km 10, siempre en ascenso, fui adelantando a
todo el que pude temiéndome que me volvería a encontrar otra senda con otro
tapón. Pero no fue así. Del km 10 al 21, teníamos una bajada rapidísima por pista a
Riodeva, que permitía recuperar el pulso y prepararnos para lo que nos venía a
continuación. Avituallamiento en Riodeva, gel de frutas, cojo botella de agua al vuelo y
le doy caña a la bici intentando pasar a gente que previsiblemente haría tapón
en la siguiente subida. Del km 21 al 31 tenemos una subida que acumula 800m de
desnivel, mucho me parecía a mí, según había visto en el perfil. Con paciencia
tomo la subida, y pronto me doy cuenta de que hay que hacer pata-bike, todo el
mundo se baja de la bici para empujar un buen rato. La
pendiente y el firme imposibilitan subir encima de la bici y hay que bajarse en
varios tramos. A estas alturas, todo el mundo está fresco y se lo toma con
sentido del humor, que si "meted hierro!!" o "a Contador no le
hacen estas putadas!!".
Del km 30 al
34 nos encontramos con la temida trialera de la Truena, que baja hacia Camarena
haciendo zigzag por la ladera con una inclinación endiablada. La encontré
asequible, aunque para tomarla con precaución. Bajamos en fila india, ya que la
carrera todavía no está muy estirada.
Trialera de La Truena. Roberto en acción. |
Servidor en acción. |
Paso por el
pueblo de Camarena en el km 34 a toda pastilla, con las piernas frescas y con
muchas ganas, mentalmente pienso que llevo la mitad en el bolsillo y 1300m de
acumulado.
Del km 35 al 45
y según me iba chivando la chuleta que tenía del perfil de la prueba, tocaba
subida, primero por asfalto que posteriormente se convertía en camino. De
repente, el sol empezó a calentar más de la cuenta y me encontré totalmente
solo, nadie por delante, nadie por detrás. Yo a lo mío, me concentré en mi
ritmo y agaché la cabeza. En el avituallamiento del km 43, bajé de la bici para
recargar el bidón, y me dí cuenta de que tenía las piernas algo agarrotadas. En ese momento entendí que a partir de aquí iba a sufrir de lo lindo.
Del km 45 al
50 bajadita rápida por camino, bastante bonita y que permite recuperar un poco
el aliento. Del km 50 al 56 viene la parte más dura de la prueba, una subida
bastante empinada, que a estas alturas a todo el mundo se la atraganta. A pesar
de que subimos en procesión, uno detrás de otro, no se oye a nadie hablar,
empiezo a pensar si realmente seré capaz de terminar la prueba y me doy cuenta
de la dureza de la misma. Las piernas ya no están para ninguna alegría, y
empiezo a sentir que algo despierta y me muerde en los cuádriceps como si
hubiera estado agazapado todo el tiempo esperando el peor momento. Tengo que
parar, bajar de la bici e intentar estirar pero entonces comprendo que tengo
las piernas totalmente agarrotadas. No sé que hacer, no puedo estirar, no puedo
ni caminar, nunca me había pasado. Pienso que esto se ha acabado, necesito un
helicóptero que me rescate!!!!
La gente
cuando me adelanta me pregunta si me encuentro bien, que si necesito algo.
Un biker me aconseja que no me mueva, que espere a que el músculo se relaje. Le
hago caso, y por arte de magia, recupero mis piernas, aunque disminuidas de
fuerza. Empiezo a pedalear con menor desarrollo y parece que puedo avanzar. Eso
sí, con más pena que gloria. Llego al avituallamiento del km 57, repongo
fuerzas y descanso.
Todavía
queda la ascensión al pico de Javalambre, el cual se corona en el km 74, a
partir de ahí y sólo restan 10 km de trialeras hasta la línea de meta. Me digo
a mi mismo, que soy capaz, aunque no me lo acabo de creer del todo, me subo a
la bici y comienzo el ascenso. Plato pequeño, piñones grandes y a la marcha. Mi
objetivo ha pasado a mera supervivencia, vigilar las piernas, hidratarme, comer
e intentar acabar en las mejores condiciones posibles.
Consigo
llegar al avituallamiento del km 66 desde donde se ve la antena del pico
Javalambre al fondo. Ya no queda nada, solo hay que dosificar las fuerzas y
agachar la cabeza. El último tramo de ascensión, para mi fortuna, es de los más
asequibles, una pista con una pendiente que en otras condiciones hubiera
abordado con el plato medio, pero no era el caso. De repente, y después muchos
"VAAAAMOS" mentales, al girar una curva, emerge la silueta del
repetidor que corona la sierra de Javalambre. En mi vida me he alegrado tanto,
de ver una puñetera antena de televisión, jajajaja. Ya lo tengoooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Tramo de asfalto que enlaza la trialera final. |
Después de
10 km trepidantes de bajada por dos trialeras alucinantes consigo llegar al
pueblo de Camarena, con una mezcla de sensaciones de cansancio, hambre y vacío
interior. Al cruzar la línea de meta me entran ganas de llorar aunque consigo controlarme. Lo he conseguido!!
Estaba tan
centrado en autoanimarme y en mi supervivencia en la prueba que había perdido
totalmente la noción del tiempo. Al entrar, me dí cuenta que llevaba 6h y 48
minutos encima de la bici. Eran casi las 16:00 horas.
Allí me
recibió Roberto, ya duchadito y cambiadito, como si no hubiera hecho la misma
prueba inhumana que yo, con la misma cara de siempre. Su tiempo, 5 horas y 22.
Qué tío!
Media hora
después, entra mi sobrino Miguel, con la cara más satisfecha del mundo y
después de haber vivido su particular infierno. Consciente de haber superado
con nota una prueba en la que ninguno apostaba por él ya que traía una
preparación mínima. Ni las rampas, ni las trialeras, ni la fatiga pudieron con
él. Bravo sobrino!!!!!
El máster Roberto, paseándose por el trazado. Me parece oirlo silbar y todo... |
REFLEXIONES.
1.- Una
prueba de estas características, no hay que tomarla a la ligera. Es necesaria
una preparación específica para la misma, también una alimentación e
hidratación planificada porque son demasiadas horas pedalenado. Algo que me
faltó a mí.
2.- 570
inscritos en la prueba, 170 abandonos y muchos que tuvieron que acortar el
recorrido. Mi posición, el 207. Desde luego hubo quién lo pasó bastante peor
que yo. No es que me consuele, pero me hace ver lo inconscientes que somos al
apuntarnos a algo así por el mero hecho de que alguien diga "a que no hay
huevos a hacer la Matahombres este año?".
3.- Mientras
sufría como un perro encima de la bici me decía a mi mismo "aquí no vuelvo
ni de coña", "¿estos tíos que se han creído, que somos Ironmans?". Al cabo de
un par de días de la prueba pienso que no fue tan dura. Seguro que dentro de
un mes ya estoy contando los días para volver a disputar la Matahombres 2015.
¿Soy una personal con una memoria selectiva que no recuerda lo desagradable? ¿Es por eso que siempre tropiezo dos
veces con la misma piedra? No lo sé, pero seguro que no soy el único al que le
pasa.
¿El año que viene más?
¿El año que viene más?
MÁS INFORMACIÓN Y DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO
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TRACK
LA
ORGANIZACIÓN
Un diez para
la organización, gestionar una prueba con tantos kilómetros no es nada fácil.
El recorrido estuvo bien señalizado, los avituallamientos bien colocados y con
abundancia de víveres, la gente colaboradora fue encantadora y nos animó a
todos muchísimo durante la prueba. Además los pormenores antes de la prueba se
iban detallando en facebook y en el blog de la marcha. Enhorabuena.
A tus pies Miguel.
ResponderEliminarCualquiera de los que hemos participado en la prueba y leamos tu crónica nos sentiremos totalmente identificados con tu relato, sensaciones y reflexión.
Pues eso, que me pongo ya a preparar la del 2015.
Un abrazo.
Bravo Miguel, GRANDE. Enhorabuena a ti, a tu sobrino y tocayo y al otro monstruo, Roberto por vuestra exhibición de fortaleza física y mental. No voy a decir lo de que "No hay huevos..." pero si podíamos ir pensando en aumentar el número de Cul Tacats en la próxima convocatoria, empezando a prepararla desde ya para decidir en consecuencia.
ResponderEliminarUn abrazo y ánimo para todos. Antonio Tornero, Bogor-Indonesia
Buena crónica Miguel! Enhorabuena por tu gesta. Y seguro que sí, que vuelves! jejeje.
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